Su nombre era Sábado (1era parte)

Esta es la historia de un hombre cuya inteligencia y perspicacia, siempre lo llevó a pasarlo bien. Sábado, parece ser un nombre extraño para una persona, y ciertamente no es su nombre real, pero como su sola presencia era fiesta, adoptó dicho nombre, un día de la semana en el que todo era fiesta. Aquí lo llamaremos simplemente Mister S.

El señor de la fiesta perenne era de aspecto alto, fuerte, blanco, cabello rizado, ojos grandes, nariz aguileña y labios carnosos; de voz pausada pero no lenta y cada palabra que pronunciaba parecía estar planificada para seducir, de día era administrador, pero de noche sus deseos eróticos los plasmaba en letras y en la webcam.

Tenía un pasatiempo peculiar: le gustaba coleccionar pantaletas, su novia y algunas amigas cercanas que sabían de su gusto extremo le regalaban unas pocas, pero no solo las coleccionaba, le gustaba de vez en cuando usar  las tangas que le regalaban y exhibirlas a sus afortunadas (dicen que tenía lindas nalgas)…

Un día, Sábado conoció a Dayana, cuya personalidad era opuesta a la de él, aún así, congeniaron bastante bien desde un primer momento y mantenían largas conversaciones en las tardes, él esperaría un poco para develarle su secreto…

(CONTINUARÁ)

Autor: Ingrid Alexandra Morales S.

EL CONCIERTO

El concierto

Les contaré una historia que marcó mi vida. Era una noche sin igual, me preparaba con mi banda “Las 4 Direcciones”, para el mejor concierto de nuestras vidas. Los cuatro miembros de la banda: Stuart, Maikel, Josué y yo, Marcos, celebrábamos detrás del telón; mientras afuera se escuchaba a los fans gritando llenos de adrenalina. El mánager de la banda, parecía angustiado, pues yo lo veía caminando sin descanso de un lugar a otro y no sabía el motivo.

Faltaban cinco minutos para empezar el concierto y ya nos acercábamos al escenario, estábamos sumamente nerviosos y al mismo tiempo llenos de alegría. Cada uno tomó su lugar, Stuart vocalista y miembro principal de la banda nos dijo:

–       Esta noche me siento genial, le daré un espectáculo como ningún otro a toda la gente presente. ¡Son quince años de trayectoria musical y debemos celebrarlo en grande!

Afuera, la gente gritaba, se empujaba y no sé cómo, pero entre tanto ruido, alcancé a oír que alguien le exclamó a otra persona:

–       Los últimos conciertos han sido terribles, según las promociones, el de hoy sería genial pero aún no hay luces de que esto vaya a ser tal como prometieron. ¡Bah! ¡Estoy decepcionado!

Cuando escuché esas palabras sentí muchas dudas, mi pulso temblaba. ¿Cómo iban a decir que estaban decepcionados de nosotros si aún no empezábamos a tocar? Para llenarme aún de más confusión, el mánager de la banda no cesaba en su caminar nervioso. ¡Y quién sabe que estaría pensando en ese instante! Sin embargo, respiré hondo y seguí adelante.

Llegó el momento, subió el telón y se escuchaba el retumbar de la batería, unos acordes de guitarra iban apareciendo de manera pausada, el bajo hacía vibrar la tarima y en la voz de Stuart se empezaban a escuchar las primeras líneas de la canción “Sin Destino”.

Hasta ese momento todo era estupendo, el sonido se escuchaba con claridad y Stuart no desentonaba ni una nota, todos nos sentíamos perfectamente coordinados. Llegaba el momento más enérgico de la canción y la emoción de la gente ya era evidente, no había dudas que lo estaban disfrutando.

Terminó la primera canción y enseguida hubo una explosión de fuegos artificiales, según lo que habíamos planificado como parte del show. La gente gritó emocionada y empezaron a brincar al compás de la segunda canción que ya estaba sonando. Entre las filas de la multitud se oían  comentarios de lo que habían presenciado hasta el momento. Tiempo después, uno de nuestros amigos y guardias de seguridad que estaba cerca de los fans me comentó algunas de las cosas que escuchó ese día:

-¡Uf, si así suenan empezando la noche, el concierto en verdad promete! Yo llevo 10 años escuchándolos y nunca habían sonado tan bien en vivo como ahora.

-Cuánta razón, aunque yo no llevo tanto tiempo escuchándolos como tú, pero en verdad, este espectáculo de luces, junto a la música, es una experiencia que alucina.

Así fue transcurriendo la hora y media de concierto, canción tras canción todos los presentes se movían y coreaban las canciones junto a nosotros. Sin embargo, podía notar aún la inquietud  del mánager, no dejaba de lucir ansioso y ya me empezaba a sentir tenso yo también. Detrás del escenario, no dejaba de molestar a los técnicos de sonido y seguridad preguntando si todo se encontraba en orden.

Durante una pausa de diez minutos, nos retiramos al camerino para hidratarnos y cambiarnos de vestuario, mientras los fans afuera seguían gritando y pidiendo más canciones. Stuart y Maikel intercambiaban opiniones de lo que había sido el concierto hasta el momento.

–       Stuart: ¡Hey Maik! Tremendo espectáculo el que estamos dando esta noche ¿Cierto? Yo siento que lo estamos haciendo muy bien, lo puedo sentir en la alegría de la gente.

–       Maikel: Tienes toda la razón, hoy todos estamos llenos de energía y haciendo una ejecución perfecta. Ni en sueños me lo hubiese imaginado.

Algo apartado, pero lo suficiente cerca como para oírnos, nuestro mánager escuchaba atento lo que comentábamos y se nos acercó diciendo:

–       Los felicito muchachos, han hecho un trabajo impecable esta noche, ni yo mismo me lo puedo creer. Debo confesar que estaba muy angustiado al principio y creía que algo saldría mal, como casi siempre nos ocurre. Pero el ambiente y la ejecución magnífica de ustedes en los instrumentos me ha dejado sin palabras. ¡Qué continúe la fiesta!

–    Stuart: Gracias en verdad, nosotros tampoco lo podemos creer. Gracias por el buen ánimo ahora saldremos de nuevo al escenario para cerrar la noche y dejarles un gran recuerdo a nuestros fans.

Salimos de nuevo al escenario, la gente nos esperaba con algarabía. Esta vez entonamos un tema que llevaba varias semanas sonando en la radio y todos los fans se enloquecieron gritando al unísono “bravo”, formaron una ola humana y en ese mismo instante algunas chicas lloraban de la emoción y cantaban el tema “Por última vez”, de una melodía romántica.

Estábamos en un momento magnífico esa noche. Después de aquel tema lento, iniciamos otro con un ritmo rápido que recordaba al rock and roll de los 60. Los muchachos y yo, nos veíamos y sonreíamos, esa noche logramos hacer unos movimientos únicos con los instrumentos, nos abrazamos mientras tocábamos la guitarra y el bajo. Era una noche grandiosa para la historia musical.

Ya estábamos cerca de la última canción, venía un tema de homenaje a Elvis Presley y de repente, lo inesperado…

Se escuchó un crujir que venía de la parte superior del escenario, una gran lámpara de luces en carril, se vino abajo, causando una explosión de inmediato, que dejó a Stuart y Maikel sin la posibilidad de salir, un incendio se inició y se propagó con gran rapidez. Los fans empezaron a gritar y salir huyendo lo más rápido que pudieron. Nuestro mánager que tanto venía lamentándose, pareció perder la cordura y con un vaso pequeño agarraba agua de una botella y la arrojaba al gran incendio mientras repetía en voz alta:

–       ¡Yo sabía! ¡Yo sabía que algo iba a ocurrir, es el fin! ¡Es el fin!

Josué y yo alcanzamos a correr y sufrimos algunas quemaduras pero lamentablemente Stuart y Maikel no tuvieron tanta suerte pues murieron en el incendio, quedando casi carbonizados. Después de salir del desastre, tan pronto recibí la noticia de la muerte de ellos, quedé destruido; para mí, eran como unos hermanos, los conocía desde que éramos pequeños y no sólo compartimos nuestra pasión por la música, sino muchas vivencias más. Me mantuve alejado de la escena musical y de los espectáculos en vivo durante varios años luego de ese acontecimiento.

Una noche que prometía ser la mejor, terminó en tragedia, se reportaron entre la multitud de los asistentes,  diez muertos y cientos de heridos.

Al día siguiente, se podía leer entre los diferentes titulares de prensa:

“Las 4 Direcciones se quedan sin dirección y muere fatalmente el líder de la banda”, “Trágicamente cierra uno de los mejores acontecimientos musicales”, “Un concierto en llamas, cierran por todo lo alto y pasan a la eternidad”, “Es internado en un manicomio en mánager de la banda, tras el trágico incendio”.

A pesar que todos quedamos muy mal con ese acontecimiento, la prensa local insistió en entrevistar a nuestro perturbado mánager…

–       Yo desde un principio sabía que algo iba a pasar, sentía hormigas en mi piel recorriéndome el cuerpo y cuando eso ocurre, es porque algo terrible va a suceder, es como si me hablaran advirtiéndome acerca de las cosas que van a pasar en el futuro, siempre ha sido así, se lo decía a mi mamá desde que era niño, pero pensaba que tenía demasiada imaginación. Sin embargo, ese día yo traté de que las cosas salieran de modo distinto y me repetía internamente que esperaba que todo saliera bien o de otro modo estaría acabado financieramente. No quería que me volviera a ocurrir lo del último concierto donde tuvimos que reembolsar la mitad del valor en boletería por las fallas en sonido. ¿Te das cuenta mamá? ¿Mi mamá me está viendo? ¿Por cuál cámara me están grabando? Mamáaaa…

Los quince años de historia de “Las 4 Direcciones”, culminaron con un gran evento y una gran tragedia. Perdimos a dos compañeros muy valiosos y nuestro mánager tuvo que permanecer en tratamiento psiquiátrico por el resto de su vida, no dejaba de llamar a su mamá y de decir incoherencias cada vez que veía fuego o músicos tocando.

Nuestra historia que parecía llegar a su momento de mayor brillo musical, terminó aquel día bajo las llamas y nos convertimos en leyenda para las futuras generaciones. Tal vez ese era nuestro destino.

FIN

Autor:  Ingrid A. Morales S

Canto de Luna

canto de luna

Los descendientes de aborígenes americanos cuentan que hace más de 5000 años, la luna cantaba, su melodía anunciaba bienaventuranza, tristeza o tiempos difíciles. Su canto era protección para el hombre. Se dice que por muchos años los hombres permanecieron en perfecta sincronía y alegría con los seres del cielo. Durante la época de invierno cuando las noches eran más frías, la luna entonaba gloriosas notas angelicales, que traían tranquilidad a toda la tierra. De ese modo, los más pequeños se iban a dormir temprano, evitando las frías corrientes de aire y llevando una vida más sana. Los niños reían a carcajadas mientras jugaban, sus mejillas rosadas, demostraban la energía que abundaba dentro de los pequeños.

Existían sabios que interpretaban lo que la luna cantaba y lo enunciaban al resto de la  comunidad, se les conocía como los mensajeros de la luna y todos les respetaban. Durante el día, cuando no se le podía ver, ella también cantaba; además reía y su risa producía suaves brisas que hacían la tarde menos calurosa, las olas de los mares bailaban al compás de su melodía y giraban haciendo una coreografía única.

Cuando un miembro importante de la tierra o algún animal sagrado cumplían años, todo era fiesta en el cielo, la luna invitaba a todo el firmamento para que la acompañaran en el coro, el cielo se iluminaba, los árboles alzaban sus ramas y las hojas se sacudían. Todo esto en señal de la gran unión y paz que había entre hombres y seres estelares.

Los tiempos fueron cambiando, la humanidad se fue confinando en grandes castillos de piedra y cristal, pocas veces salían a contemplar las estrellas y mucho menos la luna. Empezaron guerras sangrientas, ejércitos dorados y ejércitos de plata se enfrentaban, mientras las esperanzas quedaban desahuciadas. Todo esto lentamente fue enfermando a la luna y poco a poco fue dejando de cantar. Los viejos mensajeros de la luna con ella se fueron desvaneciendo sin dejar pista. Cantidad de veces la gente caminó detrás de sus rastros, pero nadie los halló. Notaban que una fuerza poderosa estaba tomando la tierra pero no sabían a que se debía.

Las estrellas lentamente dejaron de titilar y se alejaron, internándose en la oscuridad de la noche. La luna en el firmamento tosía, exhalaba recuerdos mientras su propia luz se apagaba…

Año tras año, la historia se repetía y la humanidad parecía caminar sin rumbo; desarrollo industrial sin control, árboles muriendo, niños sin parque, ya nadie parecía recordar aquellos tiempos donde el hombre y la luna eran uno solo. Los niños que eran las almas puras de la tierra, empezaron a desaparecer o a morir de manera lenta. El mundo se convirtió en un caos de proporciones nunca vistas, era como si la tierra llorara y pidiera a la luna que volviese a cantar, pero ya nada volvía a levantarse.

Cierto día, un niño de unos 5 años, al que todos los del barrio Arcángel conocían como Pedrito, sin explicación ni lógica alguna, se levantó bien temprano de su cama, anunciando a toda su familia que la luna volvería. Nadie entendía lo que estaba diciendo, pero él se los demostraría…

Impulsado por una extraña fuerza que venía del bosque, salió corriendo y entre las hojas marchitas que halló en su camino, encontró una lágrima de luna, Pedrito había oído una voz interna que le decía: “llévala al mar mirando hacia el cielo y luna volverá”. Los padres del niño, perdieron rápido las huellas dejadas por su pequeño hijo y se adentraron en el bosque preocupados por lo que les había contado ¿estaría soñando o se estaría volviendo loco su hijo? No sabían nada con certeza y por tal motivo eso los condujo a perderse entre árboles y hojas secas.

Después de muchas horas caminando, el chico llegó al mar, eran alrededor de las 7pm y la noche muy oscura, el niño con toda la ilusión que tenía de ver a la luna, se acerca hasta la orilla del mar y ahí decide soltar la lágrima lunar, pronunciando unas cortas palabras; “luna te quiero, brilla, brilla y haznos brillar”. De pronto, una intensa luz blanca apareció en el cielo y se dibujó una sonrisa en el firmamento, ¡era la luna! Había llegado con nuevas energías y al instante comenzó a cantar; con ella, una lluvia de estrellas cubrió los cielos y todo quedó en blanco, el tiempo se detuvo, un nuevo amanecer había llegado para la humanidad.

En medio de toda esa magia, Pedrito había quedado dormido, al día siguiente, al abrir los ojos, se vio de nuevo en su cuarto y con toda su familia rodeándole, no estaba muy seguro acerca de lo ocurrido, le preguntó a sus padres ¿Qué pasó? Y ellos contestaron: “La luna nos ha vuelto a cantar”.

Autor: Ingrid Alexandra Morales Sierra

Caracas, Enero 2015